MÉRIDA YUCATÁN, 3 de febrero de 2026.-La Presidenta Municipal de Mérida, Cecilia Patrón Laviada, en un acto de humanidad y congruencia entre práctica y discurso político, entregó a las puertas del Hospital Agustín H'oran cobertores.
Este Hospital al que recurre toda la gente pobre de Yucatán reboza de pacientes todos los días y de familiares que no teniendo dinero para pagar un hotel duermen a fuera del nosocomio.
En ese sitio es donde se conoce el grado de humanidad de las personas, que muchas veces sin conocerse ayudan, a veces brindándote "su cama", un trozo de cartón para que duermas un rato mientras esperas ver a tu familiar.
Allá llegan angeles que de la nada asoman a limpiar tus lágrimas, a ofrecerte un bocado, un café, a darte consuelo, van desde personas religiosas hasta personajes extraños pero muy caritativos que te acompañan y aconsejan como enfrentar el dolor.
A las afueras del H'oran muchas veces, a la gente le llueve sobre mojado, les da el sol, el calor, llegan olores pestilentes de las inmundicias que dejan tantísimas personas que no tienen opciones, es duro estar allá.
Algunos le llaman el "Hospital de la muerte". porque nunca hay camas disponibles, porque las colas para el ingreso son interminables porque muchos pacientes están días enteros, sentados, reciben los primeros auxilios y cuando te pasan a piso es porque ya te estás muriendo.
Esa es la triste realidad de un pobre que no tiene para pagar un hospital privado que cobra cientos de miles de pesos hasta por un par de días, en donde no te ingresan si no dejas en garantía un mínimo de cien mil pesos, si quieres salvar la vida.
Los hospitales privados a diferencia de los públicos son como hoteles de "mil estrellas", con mayordomo incluído que te trata con reverencias, donde hay toda clase de lujos: cama, sillones, cobijas, baño en la habitación, clima, todo lo que quieras te dan y te cobran.
Allí no eres un paciente eres un cliente y después de que "consumes" cantidades desorbitantes a veces ni el estacionamiento es gratis, también te lo cobran máquinas a las que nada les puedes reclamar.
En esos hospitales los ricos pueden salir pobres y hasta adeudados, es cuando te das cuenta que la salud es un tesoro, que la vida vale un chingo y que un cobertor se siente como un abrazo cálido que se antoja verdadero.